Aceite Esencial Nuez Moscada
🌶️ Nuez moscada
✨ Especiado · Fresco · Dulce · Acogedor
Fresca, cálida y dulce a la vez, como rallar una nuez moscada entera sobre el ponche. Se destila de la semilla, del tipo de las Indias Orientales, y aporta un especiado más ligero y aireado que el clavo o la canela, con una salida fresca parecida a la pimienta. Es el secreto que hace que una vela navideña huela «a algo más»: pensada para dar un toque, no para ser la protagonista.
💚 Ideal para:
- Velas y ambientadores de temporada, como toque en la mezcla
- Popurrí y sprays de ambiente
- Mezclas de perfumería masculina con cítricos y maderas
💧 Cuánto usar (máximo sugerido):
- Crema o loción corporal: 0,1 %
- Jabón en frío o de glicerina: 0,1 %
- Velas: 0,4 %
⚠️ Cuidado: Contiene safrol y metil eugenol, que IFRA limita: respeta la dosis aunque parezca baja.
🏷️ INCI: Myristica Fragrans Kernel Oil
🔎 Alérgenos para la etiqueta: Limonene, Linalool, Eugenol, Isoeugenol
🔗 Encuentra la ficha completa, con calculadora de dosis, en: https://calculadoras.miapotecario.com/ingredientes/aceites-esenciales/nuez-moscada/
¿Sabías que una pequeña semilla aromática fue tan valiosa que llegó a influir en el destino de la ciudad de Nueva York? Durante el siglo XVII, la nuez moscada era una de las especias más codiciadas de Europa, y prácticamente toda su producción provenía de las diminutas islas Banda, en Indonesia. Su comercio generó enormes fortunas y desató una feroz rivalidad entre ingleses y holandeses, quienes luchaban por controlar las islas donde crecían los preciados árboles. La disputa tuvo consecuencias devastadoras para la población indígena, especialmente durante la conquista holandesa de 1621.
Pero lo más sorprendente ocurrió en 1667, cuando Inglaterra y los Países Bajos firmaron el Tratado de Breda. Como parte del acuerdo, los ingleses renunciaron a sus derechos sobre la pequeña isla de Run, productora de nuez moscada, mientras que los holandeses reconocieron el control inglés sobre Manhattan, donde se encontraba la colonia de Nueva Ámsterdam, hoy Nueva York. En aquella época, asegurar el comercio de una especia parecía un negocio extraordinario. Así, una pequeña semilla aromática terminó vinculada a uno de los intercambios territoriales más sorprendentes de la historia.